viernes, 9 de noviembre de 2012

Material frágil

En ciertos terrenos, el fin sí justifica los medios. Hace tiempo que el arte dejó de discriminar entre materias nobles e innobles, abriendo la puerta a que cualquier material u objeto pudieran convertirse en obras dignas de apreciación estética. No pocos artistas contemporáneos han recurrido a materiales que apenas cincuenta años antes hubieran resultado inaceptables para la práctica artística. Y es que si uno lo piensa sin prejuicios, lo que han cambiado son los medios, pero no la auténtica materia prima: el impulso creador. 
     Rafael Reverón-Poján (Caracas, 1969) parece tener claro que el soporte más pobre puede ser el que aporte mayores posibilidades creativas. Se me ocurren pocos materiales más endebles que el cartón, y sin embargo es lo que este artista venezolano utiliza para crear buena parte de las obras que expone ahora en la galería Astarté. Reverón, que también es arquitecto, une trozos de cartón con hilo y pegamento para darles forma. Al ocre del soporte se suman tres colores puros y planos (blanco, rojo y azul), dando como resultado unas obras muy sugerentes. La mayor parte de ellas son verdaderos dibujos colgantes, a medio camino entre lo plano y lo tridimensional. Es de suponer que las formas que adoptan tienen mucho que ver con el Reverón arquitecto, y uno duda si se encuentra ante obras plásticas o ejercicios de axonometría. Uno tiene tentaciones de tirar de alguno de los hilos para tratar de obtener otra vista de estos ensamblajes pero, a la vez, teme rozarlos y que se desplomen sobre el suelo de la galería.
     A pesar de ser muy distintas a primera vista, tuve sensaciones parecidas al visitar una exposición a pocos metros de esta, en la galería Elvira González. Allí lo que se exponen son obras recientes de otro escultor, Roger Ackling (Isleworth, Reino Unido, 1947). Si Reverón-Poján fue un descubrimiento, el de Ackling fue un reencuentro, porque ya había visto obras suyas en la propia Elvira González hace algo más de dos años. Este artista británico se dedica a recoger trozos y objetos de madera en sus paseos por el campo y dibujar sobre ellos con luz solar. Lo hace mediante una lupa, fijando el rayo que, poco a poco, va creando oscuros surcos en la superficie de la madera. Este es, sin duda, un modo de proceder muy particular, pero lo que a mí me llama más la atención es la humildad de las obras. Primero, por su tamaño: acostumbrado al asalto visual que ofrecen tantos artistas contemporáneos –en muchos casos, lo único que tienen que decir–, pienso que el hecho de escoger unos objetos tan silenciosos es un gesto nada trivial. Segundo, porque dichos objetos son trozos de madera despreciados, sin uso aparente, que Ackling recupera y dignifica.
     En las obras de Reverón hay algo que parece escapársenos. Uno quisiera verlas desde más puntos de vista, rotarlas como hacen algunos programas informáticos. Las de Ackling, en cambio, no son ni más ni menos que lo que vemos. En ambos casos, sin embargo, a uno le da la sensación de estar ante objetos frágiles. Al acercarnos a las maderas mínimas de Ackling, uno aguanta un poco la respiración por si acaso una exhalación demasiado fuerte provoca que las piezas se precipiten al suelo; también parece que el fallo de uno solo de los hilos de Reverón puede hacer que todo se desmorone. Quizá esta fragilidad va implícita en la manera en que las piezas están creadas: a Reverón lo imagino con la precisión calculadora del dibujante técnico; a Ackling, esperando con suma paciencia que el sol talle sus líneas ardientes sobre la madera. Toda obra de arte, si queremos que nos diga algo, ha de mirarse detalladamente. Lo que me gusta de las obras de Ackling y Reverón es que no te sugieren que te acerques, te lo exigen. Eso sí, con cuidado.

Rafael Reverón-Poján: SUPER-BLOCK espacio y otras especies. Galería Astarté. Monte Esquinza, 8. Madrid. Hasta el 10 de noviembre. Roger Ackling: Inside Out : Outside In. Galería Elvira González. General Castaños, 3. Madrid. Hasta el 8 de enero de 2013.


R. Reverón-Poján, Non Cubic Empty Space, 2011 / R. Ackling, Voewood, 2012

Handle with care 

There are certain fields in which the ends do justify the means. It’s been some time since art stopped talking of noble and ignoble materials, thus enabling any object to potentially become a work of art. Many modern and contemporary artists have used media that only fifty years earlier would have been considered unacceptable. But if one thinks about it without prejudices, the materials may have changed, but not the real prime matter: the creative impulse. 
     Rafael Reverón-Poján (Caracas, 1969) seems to be fully aware of the fact that the poorest medium can also be the one with highest creative potential. I can think of few weaker materials than cardboard, but this is precisely what this Venezuelan artist uses to create many of the works now exhibited at Astarté gallery. Reverón, who is also an architect, joins bits of cardboard with strings and glue and partially paints them in pure, plain colours (white, red and blue), resulting in very attractive pieces. Most of them are hanging drawings that are not entirely flat, but neither truly three-dimensional. There’s little doubt that their forms have much to do with Reveron’s architectural facet, since they resemble axonometric projections. One is tempted to pull some of the strings and, at the same time, fears to do so in case the pieces collapse. 
     Despite being very different at a first glance, I had similar sensations whilst visiting another exhibition just a short distance away, at Elvira González gallery. What one can see there are recent works by another sculptor, Roger Ackling (Isleworth, UK, 1947). If Reverón-Poján was a surprise, Ackling’s was a reencounter, since I’d already seen his work at this same gallery two years ago. This British artist collects pieces of wood during his walks in the countryside, and then projects the sunlight on them through a magnifying glass, thus burning the wood and creating dark linear patterns on its surface. This is a peculiar way of working, but what most surprises me is the humble nature of these works. First, because of their size: when one is accustomed to the visual assault that many contemporary artists propose –all they really offer, in many cases–, I think that to choose these silent objects is anything but a trivial decision. Second, these are discarded, apparently useless pieces of wood, which Ackling recovers and dignifies. 
     In Reverón’s works, there seems to be something hiding from us. One would like to see them from more perspectives, like some computer applications can do. Ackling’s pieces, on the other hand, are no more and no less than what we see. In both cases, though, one has the impression that the works are very fragile. When we get closer to Ackling’s minimal pieces of wood, we hold our breath as a if a strong exhalation were to make them roll over and fall; there’s also the feeling that if only one of the strings holding Reverón’s works were to fail, then the whole thing would collapse. This fragility might be implicitly linked to the way the pieces have been made: I imagine Reverón with the precision of the technical drawer; Ackling I imagine waiting patiently for the sun to carve its burning lines onto the wood. Every work of art, if we want to get something out of it, must be looked at with the same patience. What I like about the works of Ackling and Reverón is that they don’t just suggest we come closer, they demand it. We must do it carefully, though.


Rafael Reverón-Poján: SUPER BLOCK space and other species. Galería Astarté. Monte Esquinza, 8. Madrid. Until 10th November. Roger Ackling: Inside Out : Outside In. Galería Elvira González. General Castaños, 3. Madrid. Until 8th January, 2013.

No hay comentarios:

Publicar un comentario